03 abril 2014

Crónicas de Valsorth - Turno 51

TURNO 51 – Catorce de marzo del año 340, Agna-Anor.
Las ruinas de Agna-Anor son el escenario de una matanza. Hordas de orkos saquean los edificios, eliminando a todos los caballeros de Stumlad que encuentran, sorprendidos y sin capacidad de organizarse, mientras los titanes aplastan a los pocos grupos que resisten.
El grupo de aventureros sabe que el destacamento de soldados está perdido, así que lo único que pueden hacer es huir, y cumplir el último cometido que les pidió el Capitán Caust; alertar en Eras-Har de lo que sucede en las ruinas. Buscando una manera de escapar de la masacre, al final deciden volver a las alcantarillas, y seguir sus túneles hasta las afueras de la ciudad.
De nuevo en los mohosos subterráneos, recorren los pasadizos en dirección este, cuando al llegar a un colector de aguas, se topan con una figura oculta en las sombras. Se trata de un elfo oscuro, un asesino que parece se ha infiltrado por los pasadizos hasta la retaguardia de los caballeros. El grupo acaba con el asesino, pero más de los suyos aparecen, dejando claro que los elfos oscuros se han aliado con los orkos y titanes para sorprender a los caballeros. Tras una dura lucha, el grupo de aventureros derrota a los enemigos, y sin perder más tiempo, emprenden la huída por el pasadizo principal, recorriendo una eternidad en la negrura hasta que el brillo del amanecer aparece al final del tunel.
Una vez en el exterior, emprenden el viaje de seis días de regreso a Eras-Har, evitando varias patrullas de orkos que pululan por los caminos a sus anchas. Sin mayores contratiempo, alcanzan la ciudad, y se dirigen a informar a la Mariscala y al Capitán Orlant. Al oír las noticias de que Agna-Anor ha caído, una sombra de preocupación cubre la sala. El capitán les agradece su ayuda, y les dice que al día siguiente convocará una reunión para decidir el curso a seguir. Parece ser que el capitán Dobann, el antiguo mandatario del fuerte Terain, ha descubierto algo en las montañas del norte, y quiere comunicarlo al consejo de la ciudad.
El grupo se despide del capitán y la mariscala y acaba su jornada llevando la tabla de rezos a la abadía de Korth, donde el monje Auril les agradece su ayuda y les paga el precio por su trabajo (cada uno ganáis 110 mp). El monje se muestra emocionado con este hallazgo, y se pone de inmediato a estudiar las antiguas escrituras.
Una vez fuera, el grupo se despide de Erisal, la mercenaria elfa que les ha acompañado en las últimas aventuras. La mujer les dice adiós con una sonrisa en su rostro surcado por una cicatriz y se dirige hacia la posada de la Jarra y el pincho.

Al día siguiente, en el consejo de la ciudad, se reúne un nutrido grupo de personalidades, y entre ellos se encuentran el grupo de aventureros. Mirul observa curiosa la rígida burocracia de las ciudades humanas, mientras que Olf y Orun se muestran visiblemente incómodos entre tanta palabrería y protocolo. Sólo Fian parece sentirse como en casa, e intercambia saludos y cumplidos con los asistentes.
La reunión es larga y las discusiones se suceden. Las noticias de la caída de Fuerte Terain y de las ruinas de Agna-Anor deja a la ciudad desprotegida por ambos flancos. Varios de los nobles exigen que Stumlad envíe más tropas, otros claman para que la Mariscala contrate más mercenarios. En ese momento Dobann explica que un mal acecha en el norte, y que las fuerzas que les expulsaron del fuerte no fue una simple horda de orkos.
-Temo que la sombra haya regresado –afirma-. Alguien está organizando a los monstruos y criaturas de las montañas y las ha unido bajo un mismo mando. Orkos, trolls, titanes, elfos oscuros siempre han estado ocupados matándose entre ellos, pero ahora atacan de manera organizada.
-Hay rumores de que vuelve a haber actividad en la Minas de Numbar –dice la Mariscala-. Varios exploradores afirman que han visto movimiento en las proximidades, y que sus fuegos volvían a estar activos. Quizás eso tenga algo que ver.
Entonces interviene el abad Auril:
-Pero no podemos olvidarnos de Agna-Anor –responde Caust-. Las ruinas son un punto clave para defender nuestra frontera oriental. Debemos recuperarlas y reforzar las defensas.
Se discute durante horas sobre el plan a seguir, hasta que finalmente se decide seguir dos acciones. Por un lado, el capitán Caust llevará a las tropas de caballeros y soldados a Agna-Anor, con el objetivo de debilitar las tropas enemigas y recuperar el control de las ruinas. Por otro, Dobann dirigirá un grupo de exploradores al norte, y comprobar qué está sucediendo y porqué las minas de Numbar vuelven a estar activas.
Es entonces cuando el Capitán Caust se dirige hacia el grupo de aventureros, que han permanecido en silencio durante toda la reunión.
-Por supuesto, necesitaremos vuestra ayuda -les dice-. Habéis servido bien a la ciudad, así que contamos con vosotros en alguno de estos dos cometidos. ¿Partiréis conmigo a la reconquista de Agna-Anor o preferís ir con Dobann a explorar las minas del norte?
Los cuatro aventureros no tienen claro qué hacer. Por supuesto, el capitán les explica que les pagarán por sus servicios, pero esa no es la duda. Tras un intenso debate, deciden finalmente ir al norte. Mirul está decidida a investigar que oscuro mal ha renacido en las montañas, mientras que Olf desea salir de la ciudad, al igual que Orun, que echa de menos la naturaleza. Fian por su parte está convencido de que en el norte pueden aportar mucho más en la solución, que yendo a luchar a las ruinas del este.

-Entonces está decidido –afirma la Mariscala poniendo fin a la reunión-. El futuro de Eras-Har, y quizás de todo el norte, depende ahora de vosotros –dice mirando a los dos caballeros-. Que Korth esté con vosotros.