28 junio 2013

Crónicas de Valsorth - Turno 38



TURNO 38 – Veintinueve de febrero del año 340, Ciudad de Eras-Har.
Durante el día, y a la espera de que llegue la noche para ir al barrio norte a investigar la desaparición del joven, el grupo se divide, quedando en encontrarse por la tarde.

Olf le propone a Orun ir al barrio norte, para hacerse con algo de valor de alguna casa poco vigilada. El salvaje se muestra conforme, y ambos caminan por los tortuosos callejones entre las chabolas y las casas en ruinas. Tras vagar un rato por las calles embarradas de nieve, descubren una vivienda en al sur del agujero de ratas, de la que sale un hombre que se echa una capa y se dirige al centro de la ciudad. Aprovechando la ocasión, Olf se sitúa junto a la puerta y vigila, mientras que Orun trata de forzar la cerradura usando sus herramientas de ladrón. La puerta se abre y ambos bribones se cuelan en la casa. Tras un rápido registro, encuentran 3 mp. Antes de que alguien les descubra, salen de la casa y regresan al centro por la tarde, repartiéndose el dinero conseguido.

Mientras, Fian decide pasarse por la abadía para ayudar con sus conocimientos a lo que el Abad le pida.
- Siempre son necesarias las manos de un buen sanador –le saluda el abad y le encarga la curación de heridos leves que se acumulan en la sala de rezos.
Durante toda la jornada, el paladín utiliza sus oraciones a Korth para aliviar las heridas de los soldados. Fian logra sanar a cuatro soldados de sus heridas leves. Al acabar, Abad Auril le paga 2 monedas por su ayuda y espera que vuelva otro día para hablar con más calma.
- Es difícil encontrar verdaderos creyentes en estos días –le dice el anciano, que dedica una profunda mirada al paladín-. Si en verdad queréis servir a Korth, quizás podáis ayudar a nuestra abadía más adelante.
Fian deja el templo, y antes de que anochezca se dirige calle de las vasijas abajo, hasta que llega al gremio de herreros. Allí busca hasta encontrar a un hombre que se dedica a forjar escudos. Un enorme escudo de pavés capta la atención del paladín. Se trata de un gran escudo que puede cubrirle totalmente en combate, aunque es muy pesado y limitará sus movimientos. También hay un escudo pesado más manejable, que cuesta 10 Monedas de Plata. Fian decide comprar este último, y regresa al fuerte de la milicia.

Mirul por su parte aprovecha el día para investigar sobre los polvos de Sueño de Liz que requisaron a los traficantes durante la noche anterior. La maga descubre que este polvo proviene de una planta rara de las montañas, muy valiosa y que causa estragos en la mente de quien lo inhala.
A su vez, usa el resto de la tarde para elaborar una pócima, utilizando la Rosa de Mar que encontró unos días antes. Machacando los pétalos, elabora un ungüento que aplicado sobre una herida venenosa puede aliviar sus efectos.

25 junio 2013

Gente de Valsorth (XIV) - VIDENTE


VIDENTE (Hombre del norte, 35 puntos)
Los adivinos y magos que dicen ver el futuro abundan en las ciudades, vendiendo destellos del destino por unas pocas monedas.

Características: Constitución 12 (+1), Sabiduría 16 (+3), Carisma 12 (+1).
Habilidades: Artesanía (Alquimia) +4, Averiguar intenciones +8, Concentración +5, Diplomacia +3, Engañar +8, Intimidar +3, Recabar información +8, Saber (Arcano) +8.
Dotes: Bien informado, Fama, Intuición, Memoria eidética.
Bonificaciones: Ataque +2, Fortaleza +1, Reflejos +2, Voluntad +6.
Aptitudes sobrenaturales: Aptitud Mágica 2. Reserva de esencia 8. Conjuros: (Magnitud 0) Conocer dirección, Detectar aura mágica, Detectar veneno, Leer magia, (Magnitud 1) Comprensión idiomática, Hipnotismo.
Combate: Iniciativa +2, Velocidad 9 m, Defensa 12, Bastón +2 (1d4), Presa +2.
Salud: Puntos de Resistencia 21, Umbral de herida grave 8.

Equipo: Túnica, Amuleto de huesos.

24 junio 2013

La caída de Teshaner (I)




A partir de hoy, todos los lunes tendrán una pequeña pieza da ficción ambientada en el mundo de Valsorth. Se trata de una de las primeras historias que escribí sobre este mundo, hace ya más de diez años, y que nunca terminé. Iré colgando las entregas de manera semanal, ¿y quien sabe? Quizás me dé por acabar esta historia y todo. Sin más, les dejo con la historia. Si quieren acompañar a personajes como Gorm, Josuak, Izana, Pendrais, Kaliena... sigan leyendo...

CAPÍTULO I

Un viento frío barría la falda de la nevada colina, levantando con su furia una infinidad de salvajes remolinos de polvo blanco. El estremecedor silbido resonaba en todo el paraje, como el largo y fantasmal lamento de un alma atormentada que clamase piedad. Los altos pinos que salpicaban la ladera se balanceaban ante la fuerte embestida del aire y esparcían sus hojas verdes y puntiagudas alrededor. Las nubes grises se cerraban en el cielo sobre las colinas, ocultando el sol mortecino que debía estar ya escondiéndose en el horizonte, más allá de la abrupta cadena montañosa. La oscuridad iba en aumento a medida que el anochecer se adueñaba del paisaje. A lo lejos, saludando la llegada de la noche, se oían los profundos aullidos de los lobos.
Dos encorvadas figuras se abrían paso a través de las desérticas colinas, sus oscuras formas destacando sobre el blanco manto nevado. El que andaba en cabeza era muy grande, casi gigantesco, caminando echado hacia adelante mientras se protegía del azote del viento con el brazo. La figura que le seguía unos pasos más atrás era mucho más pequeña, casi la mitad de alta, y mucho menos voluminosa, avanzando con mayor dificultad que su compañero debido a que la nieve le cubría hasta las rodillas. Los dos viajeros se abrían paso fatigosamente en medio  de aquella nada blanca, con el cielo ennegreciéndose por momentos sobre sus cabezas y envueltos por el huracanado viento, que volvió a resonar entre las colinas con su alarido fantasmagórico. Bajo el prolongado lamento, pareció distinguirse de nuevo el sonido de unos aullidos.
            - Cada vez suenan más cerca -gritó la figura más pequeña, tratando de imponer su ronca voz sobre el rugido de la ventisca. Su compañero se detuvo y esperó a que el más pequeño le alcanzara. El gigante debía medir más de tres metros de alto, todo su cuerpo recubierto de impresionantes músculos que desafiaban al gélido clima. Su piel, de un leve tono azulado, parecía inmune al frío y tan sólo un rudo taparrabos de pieles le cubría el bajo vientre. El resto del cuerpo permanecía desnudo, su amplio pecho, sus enormes brazos y sus fuertes piernas, anchas y poderosas como los cuartos traseros de un caballo. Un corto y musculoso cuello daba paso a una gran cabeza, con una mandíbula rectangular, que parecía haber sido tallada a hachazos. Unos pequeños ojos azules brillaban bajo unas pobladas cejas negras. Su pelo era una larga y oscura cabellera rizada, que caía sobre su espalda en una coleta que se balanceaba bajo los embates del viento. El gigante portaba como única posesión una gran hacha de doble hoja e irregular filo, con un largo mango, tanto como alto era su acompañante. Éste se aproximó con dificultad, hundiéndose profundamente sus altas botas de piel en la espumosa capa de nieve. Una larga capa de gruesa tela verde le cubría por completo, incluido el rostro que permanecía oculto bajo la capucha. Alrededor del cuello le colgaba la piel de un animal, parda y negra, que le protegía del cortante frío. Unos pantalones de cuero negro asomaban bajo la capa y del costado izquierdo de su cadera pendía la empuñadura de una espada.
Una vez se encontró junto al gigante, el encapuchado se inclinó levemente hacia adelante y apoyó sus enguantadas manos sobre las rodillas.
            - Los lobos se aproximan -dijo con el aliento entrecortado, antes de volverse a mirar el mar de colinas que habían dejado atrás.
            - ¿Estás seguro? -preguntó el gigante mientras observaba también la infinidad de cerros, que se agolpaban hasta formar los altos riscos de una cordillera de montañas que se alzaba más al norte.
            -  Debe ser una manada entera -dijo el encapuchado, buscando con la mano algo bajo su capa. Al encontrarlo, pareció tranquilizarse-. No debimos retrasarnos tanto en las ruinas. Ahora no llegaremos a Teshaner antes del anochecer.
            - Podemos seguir andando aunque se haga oscuro -respondió con lentitud el gigante, haciendo una pequeña pausa entre cada una de las palabras, como si le costara encadenarlas en una frase coherente.
            - ¡No digas tonterías! -le espetó el otro-. No podremos avanzar por esta nieve en plena noche. Un paso en falso y caeríamos en alguna sima. No -negó con un leve gesto de cabeza-, debemos seguir hasta que no podamos ver más y entonces buscar un sitio donde guarecernos.
Dicho esto, el encapuchado reanudó la marcha, dando por zanjada la conversación. El gigante tardó unos segundos en seguirle, pero una vez lo hizo adelantó a su compañero en unas pocas zancadas. Se puso delante de él y continuó abriendo camino.
Los dos avanzaron bajo las arremetidas del viento, que barría en violentas ráfagas la pendiente por la que descendían. Más de una vez el gigante azulado resbaló en la espesa nieve o tuvo que ayudarse de sus poderosos brazos para salir de un traicionero banco en el que se había hundido hasta la cintura y donde, probablemente, su encapuchado compañero hubiese desaparecido por completo.  
            - Maldición -gruñó éste mientras rodeaba una de las mortales trampas naturales-. Este encargo se está complicando por momentos.
El gigante no contestó, concentrado en buscar el camino más rápido y seguro. Un pequeño bosque de abetos se alzaba a la izquierda. Más abajo, las afiladas puntas de dos grandes rocas sobresalían entre el blanco que lo llenaba todo. Tras un instante de duda, torció hacia la izquierda y emprendió un trayecto directo hacia los árboles.
            - Juro que si salgo de esto no volveré a pisar estas colinas -protestó de nuevo su compañero-. Odio todo esto. La próxima vez que nos encarguen perseguir a alguien fuera de la ciudad, recuérdame que me hunda un puñal en el estómago. 
El fuerte viento se llevó las últimas y enojadas palabras del encapuchado, impidiendo que el gigante las oyese. De todas formas el enorme ser no prestaba atención a tales comentarios, ocupado en crear un sendero por el que poder seguir avanzando. El viento emitió un nuevo alarido que murió al cabo de unos segundos, momento en que resonaron otra vez los aullidos.
            - ¡Están muy cerca! -gritó alarmado el encapuchado y se dio la vuelta buscando la empuñadura de su espada, como si esperase encontrar una decena de lobos a su espalda. La ladera estaba desierta y sólo la marca dejada por su avance rompía el eterno manto de nieve. Nada se movía a su alrededor, hasta el viento pareció detenerse por unos momentos. Las sombras se alargaban bajo las colinas y crecían a medida que oscurecía. Un nuevo aullido se oyó para ser seguido por otro un instante después. A continuación, otro más se unió al funesto canto, luego otro, y otro.
            - Tenías razón, Gorm -le dijo el encapuchado a su gigantesco compañero mientras proseguía la marcha en pos de él-. No podemos pasar la noche aquí, al raso. -el gigante detuvo su imparable avance y observó con atención a su acompañante-. Sería un suicidio -siguió diciendo-. Debemos desviarnos hacia el este, hacia el poblado leñador. Allí podremos guarecernos hasta el amanecer.
El gigante asintió con rudeza y se volvió para seguir la marcha. Otro aullido rompió el silencio. La oscuridad era cada vez mayor, haciendo que apenas se viese ya a más de veinte pasos por delante. Funestas sombras se habían apoderado por completo del paisaje.
Los dos viajeros se internaron por el pequeño bosquecillo, donde la capa de nieve era menos espesa. El gigante, Gorm era su nombre, pudo acelerar el paso aunque debía caminar encorvado para no topar con las bajas copas de los abetos. El encapuchado le seguía unos metros más atrás, sin dejar de refunfuñar y emitiendo grandes bocanadas de vaho con cada uno de sus improperios. Otro profundo aullido recorrió la ladera. Gorm aumentó el ritmo de la marcha.
Después de recorrer media milla, la pendiente de la colina se suavizó hasta transformarse en una inmensa planicie blanca de suave relieve adornada por escasos árboles. La oscuridad seguía creciendo, transformando cada uno de los abetos en una fantasmal y retorcida presencia.
            - Desde esa elevación tendríamos que poder divisar el poblado -informó el encapuchado señalando al frente. Mientras, un nuevo aullido rompió el silencio a sus espaldas. El hombre se volvió y observó la oscuridad que se abría tras ellos. Tras cerciorarse de que nada les seguía, se apresuró en alcanzar al gigante, cuya forma se había difuminado con la distancia y la oscuridad.
Coronaron la cumbre del montículo justo en el momento en que otro aullido sonaba, esta vez muy cerca. El aullido murió, pero al instante fue seguido por varios más, profundos y alargados. Casi se podía distinguir en ellos un sentimiento de rabia contenida, de furia irracional. Bajo el sonido de los aullidos, los dos hombres contemplaron una mancha negra y borrosa que aparecía a un centenar de metros en la blanca planicie. Era la silueta de varias cabañas que se recortaba fantasmagóricamente en el anochecer. Ninguna luz se veía en las viviendas; ni antorchas, ni lámparas de aceite, ni chimeneas, ni fuegos. El pequeño poblado estaba sumido en la negrura, casi como si nadie habitase en él, como si sus habitantes lo hubiesen abandonado dejando atrás todas sus pertenencias. Un escalofrío recorrió la espalda del hombre encapuchado al presenciar aquella escena y comprobar como sus esperanzas de encontrar un refugio seguro se esfumaban.
            - ¿Qué ha pasado? -preguntó el gigante-. ¿No hay nadie?
Su compañero no se molestó en contestar, el desierto espectáculo que presentaba el desolado poblado hablaba por si solo. Las cabañas estaban sumidas en espectrales sombras, creando formas retorcidas y grotescas. Ni un solo rastro de vida había en ellas.
Los lobos aullaron de nuevo. El encapuchado se dio la vuelta y escrutó la espesa sombra que era la ladera de la colina. La nieve y los árboles habían desaparecido en la creciente oscuridad. Algo se movió entonces. Por un momento, el encapuchado pensó que se trataba de una ilusión, de un efecto óptico producido por la poca visibilidad. Al cabo de un instante descubrió una sombra que se deslizaba, muy despacio, hasta situarse en el borde de un pequeño corte del relieve, seguida de otra sombra que se situó junto a la anterior.
            - Gorm, mira hacia allí -dijo el hombre a su compañero sin despegar los ojos del risco donde se alineaba una nueva figura junto a las otras dos.
El gigante buscó con la mirada hacia donde le indicaba el hombre. Los pequeños ojos del enorme ser azulado se cerraron levemente al intentar traspasar el velo de oscuridad.    
            - Nos han alcanzado -dijo el gigante con su ruda voz desprovista de cualquier temor.
            - Lobos -añadió escuetamente el hombre mientras apartaba con la mano la capucha que cubría su rostro. Las primeras luces de la luna iluminaron con plata sus facciones. Era un hombre de no más de veinticinco años, con una larga melena oscura recogida en una infinidad de pequeñas trenzas que le caían sobre los hombros. Sus rasgos eran duros y afilados, los pómulos recortados, los castaños ojos penetrantes bajo unas pobladas cejas. Su semblante era serio, preocupado, pero sereno, delatando que no era la primera vez que se encontraba en una situación de peligro. Así lo atestiguaba una cicatriz que cruzaba su mejilla izquierda, naciendo justo debajo del ojo y rasgando su rostro hasta el centro de la barbilla.
            - Lobos -repitió, viendo que ya había más de una docena de sombras sobre el risco. Una de ellas se alzó levemente. Su aullido retumbó como un aviso, como una amenaza. Los dos viajeros contemplaron durante un instante la borrosa manada de lobos mientras el aullido de su líder se hacía más débil para acabar extinguiéndose.
            - Debemos refugiarnos en el poblado -dijo el hombre.
            - Pero, Josuak, ahí no hay nadie -respondió Gorm.
            - Van a atacar. No podemos hacerles frente aquí -cortó el llamado Josuak.
Al instante los dos se dieron la vuelta y emprendieron una rápida marcha sobre la nieve hacia las fantasmales siluetas de las oscuras cabañas. A sus espaldas, silenciosos, los lobos descendieron del risco en pos de sus presas.
El hombre se volvió a mirar sin detener el paso. Tras ellos, a tan sólo una veintena de metros, las figuras de los lobos aparecieron nítidamente, sus oscuros pelajes resaltando sobre la nieve en lo alto del risco. En ese momento, como respondiendo a una orden, la decena de animales se lanzó hacia ellos en una rápida carrera.
            - ¡Corre! -alertó el hombre antes de apresurarse sobre la nieve a la máxima velocidad que ésta le permitía. El gigante le siguió, avanzando a grandes zancadas, el hacha sujeta con ambas manos y sin dejar de echar intranquilas miradas a su espalda.
El hombre, Josuak, aceleró al máximo con el corazón latiéndole frenético dentro del pecho y el aliento entrecortado. El poblado estaba ya ante ellos, a no más de treinta pasos. Alzando mucho las rodillas para poder avanzar sobre la espesa capa de nieve, el hombre volvió a mirar atrás. Los lobos, con sus ojos reluciendo carmesíes en la oscuridad, se abalanzaban por la ladera, abriéndose paso en la nevada alfombra con la misma facilidad que si fuese un prado de hierba recortada.
El hombre volvió a mirar al frente y trató de aumentar la velocidad. Las rápidas y suaves pisadas de los lobos retumbaron en sus oídos, y casi le pareció sentir en su nuca el aliento de los salvajes animales. Sus botas se hundían profundamente en la nieve con cada uno de sus pasos. A su lado, el gigante no perdía ojo de lo que sucedía a sus espaldas, refrenando ligeramente su velocidad para no dejar atrás a su compañero.
Los dos alcanzaron las oscuras cabañas y, sin prestar atención a los sombríos edificios, se dieron la vuelta para recibir la segura embestida de los lobos. El hombre desenvainó su espada larga con un rápido movimiento y la aferró con ambas manos. El gigante asentó sus poderosas piernas en la nieve y blandió su enorme hacha.
            - Por todos los... -la blasfemia murió en los labios de Josuak. El hombre permaneció con la espada asida y las piernas levemente separadas, mirando a los lobos que se habían detenido a apenas diez metros del lugar donde él y el gigante se encontraban. Los animales restaban quietos, contemplándoles con sus fieros ojos rojos brillando en la noche. Los dos viajeros aguardaron tensos, inmóviles también, resoplando aceleradamente por el cansancio, las armas dispuestas para el combate. Los lobos permanecieron observándoles, sin avanzar ni un paso, sus miradas llenas de odio pero sin osar traspasar el invisible muro que parecía haberse alzado entre ellos y sus presas. Finalmente, el más grande, un enorme lobo de pelaje marrón, alzó su peluda testa, tenso el cuello y emitió un corto y rabioso aullido para, al momento, darse la vuelta y retirarse a tranquilos pasos hacia la colina por la que habían descendido. El resto de la manada le siguió, alejándose con pasos resignados hasta desaparecer en la completa oscuridad que reinaba ya en el paraje.
El hombre y el gigante vieron la partida de los lobos sin entender nada, aferrando aún sus armas estúpidamente. El viento rugió en una rápida ráfaga sobre ellos antes de que el hombre reaccionara por fin. Guardó la espada en su funda, pero sin perder de vista en ningún momento el camino por el que los lobos se habían retirado. El gigante se relajó también y apoyó la punta de su enorme hacha en la nieve.
            - ¿Qué ha pasado, Josuak? -preguntó mientras se recostaba sobre la larga empuñadura del arma.
El hombre tardó unos segundos en responder.
            - No sé -murmuró en apenas un susurro.
El viento sopló de nuevo desde el norte, con mayor fuerza. Sin embargo, tras esta salvaje embestida, cesó por completo. La quietud más absoluta se hizo en la colina y la calma lo llenó todo con un inmenso silencio.
Josuak pareció volver en sí. Cómo si saliese de un trance, examinó con nuevos ojos el poblado de cabañas donde se encontraban. Las oscuras edificaciones de madera estaban completamente a oscuras y ni un solo sonido provenía de ellas. Estaba claro que ya nadie habitaba aquel lugar, al menos ningún ser humano o de otra raza civilizada.
            - Estuve en este poblado hace menos de dos lunas -dijo Josuak rompiendo el silencio que se había creado-. Una decena de familias vivía aquí, leñadores en su mayoría - el hombre continuó hablando mientras se acercaba a una de las cabañas-. Llevaban varios años en este poblado y por lo que me dijeron no había mayor peligro en estas tierras que el de algún grupo de lobos. Sin embargo... -el hombre se quedó callado de golpe. Al llegar a la entrada de la cabaña sus ojos descubrieron en la oscuridad que la puerta de madera había sido arrancada por completo. Gorm se acercó y se quedó observando la destrozada puerta de la cabaña.
            - ¿Qué es eso? -preguntó.
            - Fueron atacados -respondió Josuak mientras pasaba su enguantada mano por el marco de la entrada. Sus dedos encontraron numerosas muescas producidas en la madera por algo muy afilado, un arma seguramente-. Y no fueron lobos -concluyó.
            - Ningún lobo podría romper una puerta tan sólida -dijo Gorm-. Pero entonces ¿Quién? - preguntó el gigante.
            - Con esta oscuridad es imposible saberlo, pero será mejor echar un pequeño vistazo adentro -dijo el hombre y se introdujo en la cabaña con la espada sujeta firmemente en su mano derecha. La negrura más absoluta le esperaba en el interior. Tras varios inseguros pasos se detuvo y escuchó. No se oía más que el sonido de su propia respiración. Después de cerciorarse de que no había ningún peligro, recorrió casi a oscuras la pequeña estancia, tropezando con varios muebles y objetos que yacían tirados por el suelo. El hombre descubrió que se trataba de un salón rectangular, con dos puertas en la pared este que conducían a un par de estancias más pequeñas. Tras terminar de examinar la sala, Josuak se acercó de nuevo a la entrada por la cual el gigante Gorm se introducía con dificultad en ese momento.
            - Dormiremos aquí -dijo Josuak-. Parece un lugar seguro -hizo una pausa-. No sé lo que ahuyentó a los lobos, pero es mejor pasar la noche aquí dentro que en el exterior al raso.
Gorm asintió con un gruñido. 
Una vez sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, los dos se pusieron a adecentar el salón para poder dormir en él. Apartaron algunos de los muebles caídos y se hicieron un claro. Tras despejar un espacio suficiente para ambos, Josuak se internó en una de las habitaciones para salir al cabo de unos minutos con varias mantas que había encontrado en el dormitorio. Extendieron las mantas sobre el suelo y ambos se acomodaron como mejor pudieron sobre la dura superficie.
            - Yo haré la primera guardia -dijo Josuak, sentándose con las piernas cruzadas y reclinándose sobre un armario que yacía volcado en el suelo-. Aprovecha para descansar. Luego te despertaré para que me releves.
            - No tengo sueño -respondió Gorm, sentándose también y colocando la gran hacha a su lado, de forma que pudiese alcanzarla con rapidez en caso de necesidad.
            - Ya, este lugar produce escalofríos. -Josuak apoyó la cabeza en el mueble y observó la oscuridad del techo de la sala. Fuera, el silbido del viento volvió a sonar y una corriente de aire helado se introdujo por la rota puerta de la cabaña. El hombre se cubrió hasta el rostro bajo su espesa capa, pero aún así le fue difícil espantar el frío.
            - Y todo esto por una maldita recompensa de cien monedas de oro -dijo en un murmullo.
Gorm, sentado sin parecer sufrir los efectos del frío, le miró a través de la oscuridad y asintió con gesto serio.
            - Sí, no es mucho dinero por tantos problemas -dijo, pronunciando con lentitud cada una de las palabras.
Josuak pareció no oír al gigante y buscó algo bajo su capa. Al momento extrajo un pequeño objeto y se lo quedó observando en silencio. Era un anillo de oro, tallado en forma de una serpiente enroscada. Era un anillo ostentoso y de mal gusto, pero eso era lo de menos.
            - Sí, todo por ese maldito farsante -dijo Josuak casi para sí mismo-. Ese estúpido del falso Conde de Vioni era realmente divertido. -sus labios se abrieron en una cansada sonrisa–. Tiene su mérito el conquistar a la hija del Canciller Real pretendiendo ser un noble, cuando en realidad no se es más que un bufón. Hubiese dado media vida por ver la cara del Canciller al descubrir a su hija revolcándose con aquel payaso en las cuadras de palacio. -Josuak emitió una débil carcajada-. El Conde salvó el cuello gracias a su supuesto título, pero su coartada cayó como un castillo de naipes en cuanto el Canciller empezó a investigar un poco. De todas formas, le sirvió para ganar tiempo y salir de la ciudad y huir hacia el norte. -se detuvo, contemplando el anillo mientras lo hacía danzar entre sus dedos-. Fue divertido atraparlo -continuó rememorando-. Sin caballo, casi sin provisiones, el muy idiota dejó un rastro tan claro que parecía que quería que lo atrapásemos. En fin, el trabajo ya está hecho y tenemos la prueba de ello. -Josuak hizo dar un par de brincos más al anillo antes de ocultarlo de nuevo bajo su capa-. Bueno, ya está todo hecho. Ahora sólo tenemos que regresar a Teshaner y cobrar la recompensa.
            - Sí, dinero, dinero -aprobó Gorm.
            - Sí, al menos para una temporada -respondió Josuak-. Y ahora túmbate y duérmete de una vez -le dijo al gigante con fingido malhumor-. Luego no vengas quejándote cuando te toque hacer tu guardia.
El gigante asintió y, moviéndose con dificultad, consiguió acomodarse sobre la manta. Al cabo de unos momentos, su fuerte respiración resonaba en la sala.
Josuak observó la sombra de su amigo y esbozó una sonrisa. Tan grande y fuerte, aunque su forma de actuar era más bien la de un niño. Un niño de tres metro y medio de altura, eso sí. Gorm no era muy listo, pero Josuak admitió que el gigante se había adaptado muy bien a vivir en una cultura totalmente extraña. Estar tan lejos de su hogar, de las montañas Kehalas, debía ser difícil.
Aún podía recordar cuando se conocieron. ¿Cuánto hacía ya? ¿Dos años? No estaba muy seguro, el tiempo pasaba muy rápido para un aventurero cazarecompensas, quizás demasiado. Josuak cerró los ojos y casi pudo ver aquel frondoso bosque, hacía ya tanto tiempo que casi parecía otra vida. Se encontraba persiguiendo a unos forajidos. Todo era normal, un simple encargo de acabar con unos maleantes, hasta que su exceso de confianza le hizo meterse de lleno en la encerrona que los tres tramperos le habían preparado. Los bandidos le golpearon, le robaron, se rieron de él, dejándole finalmente colgado de un árbol, malherido y desangrándose. Josuak palpó en la oscuridad la cicatriz de su mejilla y recordó aquel día, la humillación que sintió. Era una muerte segura, de no haber sido por la aparición de aquel joven gigante, torpe y tosco, que casi no sabía hablar y que caminaba temeroso por el bosque. Gracias a él, Josuak salvó la vida aquel día. Desde entonces estaba en deuda con aquella mole de músculos.
Josuak se frotó las manos y se cubrió el rostro con ellas, tratando de hacerlas entrar en calor. El frío era muy intenso dentro de la cabaña. A pesar de la cuantiosa cantidad de abrigo que llevaba puesta, todos sus músculos estaban ateridos. Casi ni sentía los pies, congelados dentro de sus botas. Resignado a pasar aquella noche en aquel inhóspito campamento, se abrazo las piernas con ambas manos y se dispuso a permanecer las dos horas que le quedaban de guardia.
El tiempo pasaba muy lentamente. El viento reapareció, silbando con fuerza. En más de una ocasión su alarido era tan potente que Josuak se levantó sobresaltado, creyendo haber oído un grito o un aullido. Por fin llegó el momento de despertar a Gorm. Josuak tuvo que zarandear con fuerza al gigante para que saliera del profundo sueño en que se encontraba su compañero.
            - ¿Qué sucede? -preguntó Gorm, mirando extrañado la oscuridad que le rodeaba, como si no supiese exactamente donde se encontraba.
            - Es tu turno de hacer guardia -respondió Josuak tumbándose en la manta y agrupándose sobre un costado. Gorm emitió un sonoro bostezo y se quedó sentado mientras se frotaba los soñolientos ojos con su manaza. Cuando se volvió hacia Josuak, éste ya estaba dormido. 

21 junio 2013

Crónicas de Valsorth - Turno 37



TURNO 37 – Veintiocho de febrero del año 340, montañas Kehalas.
El grupo, tras debatir las opciones que ofrece la ciudad, opta por presentarse a formar parte de los Yelmos Negros y ayudar a la defensa de la ciudad. Así, un veterano guerrero les hace una rutinaria entrevista, en que comprueba que no tienen delitos en Eras-Har, y tras un simple juramento, son nombrados soldados de la ciudad. Tras vestirse con la casaca negra con el símbolo del caballo encabritado en el pecho, son convocados en el patio por su mando directo, al sargento Dele’Or.
La patrulla la forman seis soldados, más los cuatro aventureros, dirigidos por el sargento, que ya desde un buen momento deja claro que no quiere problemas.
- Debemos cumplir con nuestra guardia. Así que hagámoslo y no busquemos problemas.
Entonces les explica que su cometido durante la tarde es investigar en el barrio norte la desaparición de Eban, el hijo de un comerciante que desapareció la noche anterior.
La patrulla cruza el río Durn y entra en el barrio de chavolas, callejones malolientes y caminos embarrados de nieve sucia que es esta zona. Dele’Or ordena entonces separarse, yendo él con cinco soldados al norte, mientras los cuatro aventureros y un soldado llamado Dhao se encargan de investigar por los alrededores del Agujero de Ratas.
La patrulla, bajo las miradas rencorosas de los habituales del barrio, se adentran en esta plaza, donde se monta un mercadillo ilegal cada día y en que se vende y compra objetos robados o ilegales. Allí Fian empieza a preguntar sobre si alguien vio al chico desaparecido, aunque sólo obtiene el relato de unos niños, que le explican que el noble estuvo ayer por la noche en el Agujero, borracho y preguntando por una mujer.
Por su parte, Mirul busca alguien que venda oro, y junto a Olf interroga a un ratero que vende baratijas robadas. Pero sólo obtienen información de que Eban buscaba a una mujer, quizás una de las prostitutas que abundan en el barrio.
Preguntando a un mendigo, el viejo les explica que vio al noble ayer por la noche. Primero le vio pasar tambaleándose hacia el Loto azul, un prostíbulo cercano, de donde salió poco después, gritando y llorando. Se perdió por un callejón hacia el norte, algo poco recomendable a esas horas de la noche.
Siguiendo esta pista, el grupo se dirigió al Loto Azul, un prostíbulo en una vieja casa de piedra, donde Orun y Fian entran fingiendo ser soldados buscando chicas, lo que les cuesta 1 Moneda a cada uno. La vieja señora les lleva a una sala donde les presenta a las chicas, de toda condición y pelaje, pero entre las que destaca una mestiza elfa de piel color ceniza. Fian, convencido de que esta es la mujer que buscaba Eban, la elige y sigue a la chica a su habitación. La mestiza de cabello oscuro y ojos felinos, se quita sin reparos la ropa y se acerca al paladín. Fian, resistiéndose a los encantos de la prostituta, trata de hablar con ella, pero ella apenas habla el idioma común. La chica le explica que Eban es un cliente suyo, que ayer vino a verla totalmente bebido y drogado, que se quiso propasar y que los brutos que vigilan a las chicas echaron a patadas al noble, que se fue llorando por las calles.
Una vez fuera, Fian recoge a Orun, que ha aprovechado el tiempo para “interrogar” a otra mujer, y se reúnen con el resto fuera. Siguiendo la calle del norte, encuentran un callejón lateral donde hay muestras de que hubo una lucha y alguien fue arrastrado. Preguntando a un par de vecinos, descubren a una mujer que lo vio todo:
- Un chico estaba borracho en el callejón. De pronto, dos sombras cayeron sobre él. Se trataba de dos hombres vestidos completamente de negro, que lo dejaron inconsciente y se lo llevaron por la calle hacia el oeste.
Cerca de la medianoche, y a punto de acabarse su turno, el grupo sigue investigando por los callejones, topándose con dos ladronzuelos que huyen a la carrera al ver a los soldados. Tras perseguirles por las calles nevadas, Orun atrapa a uno, mientras Olf hace lo mismo con el otro. Mirul, investiga el portal donde estaban reunidos y encuentra un saquito con polvo de Sueño de Liz, una droga famosa en el barrio. Interrogan a los rateros, pero poca información obtienen más. Justo en ese momento, Olf descubre a una sombra que les observa desde un tejado. Se trata de un hombre vestido de negro, que huye antes de que pueda atraparlo.
Pasada la medianoche, el grupo se reúne con el resto de la patrulla, y explican sus averiguaciones al sargento Dele’Or, que se muestra más enfadado por su retraso que satisfecho por sus progresos. De vuelta al fuerte de la milicia, les dice que explicará lo sucedido al capitán Orlant. Agotados tras un largo día, se retiran a descansar al dormitorio común, tras recibir su paga por los trabajos del día.

18 junio 2013

Reportaje sobre librojuegos en la revista Troll


Una simple nota para anunciar que la revista digital Troll 2.0 trae un reportaje sobre los librojuegos, en los que hablan de las diferentes novedades que han salido estos meses, desde el Héroes del Acero, La feria tenebrosa, y también los títulos de Leyenda Élfica y El cielo sobre Bangkok.

Si lo queréis leer, aquí tenéis el enlace:

Troll nº18

Pues al final será verdad que estamos en la época del resurgir de los librojuegos...

17 junio 2013

El cielo sobre Bangkok para Ipad


Pues hoy traigo una noticia sobre la salida de un nuevo librojuego, esta vez en formato electrónico y como aplicación para ipad. Se trata de El cielo sobre Bangkok, que alguno de vosotros quizás recordéis de una versión que colgué aquí hace un par de años, pero que ahora sale de mano de Ite Editorial, en formato App para Ipad, con ilustraciones, hoja de personaje interactiva, tiradas de dados, etc. Es la primera aplicación que hacen, y por tanto este libro se ofrece de manera gratuita.

Podéis descargarla en itunes, o mediante este link:

El cielo sobre Bangkok

También os pongo la web de la editorial y del libro, con un vídeo demostrativo:

Ite Editorial

Claro que sólo aquellos que tengáis Ipad, lo siento, ya que no está disponible para otros dispositivos.
¿Y qué os parece este formato para jugar librojuegos? Me interesa mucho vuestras opiniones, aparte de la historia y la jugabilidad, también que os parece la aplicación, qué le falta o qué no os ha gustado.

Pues eso, espero que disfrutéis con las aventuras del agente delgado en Bangkok. Aquí os dejo alguna ilustración más de Marisa:





16 junio 2013

Más reseñas del Libro Básico


Pues sí, con la llegada del Libro Básico de El Reino de la Sombra en su segunda edición de tapa dura (por cierto, ha quedado chulísimo), han aparecido algunas reseñas nuevas. Aquí las pongo y como siempre, darles las gracias a Crom y a Christian Kell por escribirlas (o grabarlas).

AudiovideoCromcast de poder

Khathedhral

14 junio 2013

Videojuego de Rocavalle


Pues hoy tenemos aquí una tontería que hice durante las últimas vacaciones de navidad. Se trata de un pequeño videojuego hecho con el RPG Maker que hice junto a un amigo, basado en el mundo de Valsorth, y más concretamente en el pueblo de Rocavalle. La verdad es que es sólo una prueba, puede haber varios errores, pero a lo mejor os apetece probarlo.

Para hacerlo, sólo tenéis que descargar el archivo de abajo, descomprimirlo y ejecutar el archivo game.exe.

En fin, si alguien le apetece probarlo...

Rocavalle

13 junio 2013

Diario de Diseño (VIII) - Las Campañas


Ya desde el primer momento, nada más empezar con la idea de crear un juego de rol basado en Valsorth, el mundo de Leyenda Élfica, uno de los aspectos principales es que el juego permitiera vivir la historia de este mundo. Así, las reglas y la ambientación eran partes importantes, pero más aún las aventuras (de las que ya hablamos en este otro avance de diseño), así como las campañas. No se trataba de crear el enésimo juego de rol con su mundo de fantasía y dejarlo ahí. No, el objetivo era contar una historia. O mejor dicho, plantear una historia para que los personajes la vivan en primera persona, e influyan en su desarrollo. Ahí es donde el capítulo de Campañas es primordial.
Aquellos que hayáis leído el Libro Básico de El Reino de la Sombra sabréis cómo se organiza el manual, en el que se combinan los capítulos de Aventuras y el de Campañas para que el Director de Juego pueda crear la historia según considere (o según decidan sus jugadores). Se trata simplemente de plantear un gran número de aventuras independientes por un lado, y luego presentar una campaña que integra estas aventuras y otros aspectos del manual en una historia más larga y, esperemos, más memorable. Estas campañas están pensadas para que los Personajes Jugadores recorran los lugares descritos en el manual, se enfrenten a las criaturas del bestiario, interactúen con los personajes secundarios, y resuelvan los problemas de las aventuras, pero a la vez hagan evolucionar la metatrama de la ambientación, la historia de la gran lucha que se desarrolla en Valsorth contra el regreso del Rey Dios.
Cada campaña se inicia con un resumen de la trama general para, a continuación, describir los capítulos de que consta la historia. En cada campaña se describen los acontecimientos generales, siendo el DJ quien les da forma empleando la información, descripciones de lugares, aventuras y personajes incluidos en los otros capítulos del libro. Si bien pueden jugarse de forma independiente, las tres campañas a su vez forman una historia aún mayor, que lleva a los personajes de ser simples aventureros a tener un papel fundamental en las crónicas de Valsorth.
En el Libro Básico se ofrecían tres campañas completas que llevaban a los personajes de ser unos simples soldados o mercenarios en la ciudad de Valsorth, a enfrentarse a los poderes del enemigo y hacerse con una de los poderosos artefactos que éste ansía. Ahora, en el Libro Avanzado, la historia continúa.
Las campañas llevarán ahora a los personajes a recorrer los lugares más dispersos de Valsorth, desde el bosque fantasma de Shalannest Oriental y la ciudad abandonada de Dalannast, a las llanuras grises y sus templos abandonados, o las inexorables montañas del norte donde se libra la batalla contra las fuerzas oscuras. La trama desarrolla el punto final del anterior libro, el hallazgo de cierto artefacto mágico, y tiene como punto principal la búsqueda de un antiguo secreto con el que decantar la batalla contra el Rey Dios. Para no revelar demasiado, podemos decir que es el nudo de la historia, en que las piezas de ajedrez se mueven por el tablero para situarse antes de la batalla final.
Y es que, por suerte o por desgracia, la historia de Valsorth no acaba con este Libro Avanzado, si no que la culminación de la guerra contra el Rey Dios se describirá en el siguiente volumen de El Reino de la Sombra… El Libro Experto. Eso no quita importancia a estas campañas, pues de ellas depende el futuro de los reinos humanos del norte y la posibilidad de una posible alianza para hacer frente al enemigo.
Por último, mencionar que las campañas están pensadas para que puedan ser jugadas con personajes recién creados (no es necesario haber jugado las aventuras del Libro Básico), o personajes más poderosos… así, cada una de las campañas tienen un nivel de dificultad diferente, permitiendo jugarlas en orden con los mismos personajes, e irlos desarrollando según corren aventuras. Eso no quita que, con unos pequeños ajustes, cada campaña puede prepararse para jugadores más o menos poderosos.
Una anotación final; en este Capítulo de Campañas también se describen a dos de los lugartenientes del Rey Dios y que serán los archienemigos de los personajes durante sus aventuras, permitiendo que se enfrenten a ellos en los puntos culminantes de dos de las campañas.

11 junio 2013

Tambores de guerra








 Las brumas de la mañana arrastraron hasta Valsorth el rumor de una gran sombra que se alargaba desde el oeste, una fuerza poderosa e imparable que avanzaba a través del océano hacia los reinos libres. Sus tambores resonaban en el cielo anunciando la tormenta que se avencinaba. Su intención clara; aniquilar todo a su paso y no dejar más que restos humeantes de lo que una vez fueron los pobladores originales. Ante tan adverso destino, elfos, hombres y gigantes azules cayeron en la desesperanza. Podían derrotar a las ordas de orkos, titanes y dragones del Rey Dios, pero este enemigo era aún más poderoso. Este enemigo era Pathfinder...

Perdonen que haga broma sobre la que ha sido la noticia de la semana, y que es el anuncio por parte de Devir de la publicación en castellano del juego de rol de Pathfinder. Sin duda, la salida de un nuevo juego de rol siempre es una buena noticia, pero está claro que su llegada a España será un problema añadido para el juego del que un servidor es creador, y que si ya contaba con suficientes adversidades, la aparición de Pathfinder será una más. La razón principal es que ambos juegos comparten un sistema de juego (adaptaciones del d20) y ambientación (fantasía medieval Tolkiana o como se diga), y sin duda los clientes potenciales de ambos juegos son los mismos, con lo que ello significa.

Personalmente me alegro de la traducción de Pathfinder (yo tengo en inglés el Corebook y varios Adventure Path y suplementos), pero espero que El Reino de la Sombra resista, siga contando con el apoyo de la gente, y Nosolorol continúe apostando y publicando los suplementos y libros de la linea. No entraré en qué tiene mejor cada uno de los juegos, pues mi opinión es claramente poco objetiva, pero sí que quería compartir estos pensamientos con todos ustedes, y a la vez hacer una pequeña broma comparando la llegada de Pathfinder con la marcha de los ejércitos del Rey Dios para destruir Eradun... Claro que comparar a unos pringados como nosotros con la todopoderosa Paizo es bastante irrisorio, pero bueno, espero que me lo perdonen.

Y para acabar, un bonito video de cómo pensamos encarar la llegada del todopoderoso Pathfinder:



10 junio 2013

Bestiario (XIV) - Espectro de corrupción

ESPECTRO DE CORRUPCIÓN 50 PUNTOS

Estas criaturas son formas oscuras y cambiantes, como filamentos negros que se crean y desvanecen formando una vaga forma humanoide ennegrecida y de ojos rojos. Son espectros que han permanecido siglos entre huesos, y que reviven cuando sienten vida próxima, momento en que se lanzan con una furia asesina sobre sus blancos. Al contrario que otros espectros, tienen forma corpórea, gelatinosa y cambiante, pero que puede matar a un hombre en segundos, ya que su contacto produce la corrupción de la piel, que se ennegrece y se pudre, haciendo perder la fuerza a la víctima. Por el contrario, son vulnerables a cualquier ataque físico, además de ser especialmente débiles ante el daño sagrado.

Tipo de criatura: Muerto viviente mediano.
Características: Fuerza 14 (+2), Destreza 16 (+3), Constitución 15 (+2), Inteligencia 8 (-1), Sabiduría 8 (-1), Carisma 8 (-1).
Rasgos raciales: Arma natural (Toque de corrupción; su contacto causa pérdida de fuerza) 3, Cuerpo protoplasmático (mitad de daño armas contundentes), Infravisión 2, Inmunidad (Daño de Característica, nigromancia, enajenamiento, frío), Piel hiriente 3 (1d8 de corrupción), No vivo, Vulnerable al daño (Sagrado).
Habilidades: Atención +6, Atletismo +3, Buscar +2, Sigilo +8.
Bonificaciones: Ataque +6, Fortaleza +3, Reflejos +4, Voluntad +2.
Combate: Iniciativa 4, Velocidad 9 m, Defensa 14 (desprevenido 11), Toque de corrupción +6 (1d8+2; Fortaleza CD 15 o 1d4 de Fuerza), Presa +5.
Salud: Puntos de resistencia 32, Umbral de herida grave 10.

06 junio 2013

Reseña ERDLS en el Círculo de Zerom

Pues en el blog de El Círculo de Zerom hacen un detallado análisis del Libro Básico de El Reino de la Sombra.
Podéis leer la reseña aquí:

Círculo de Zerom

Por mi parte, agradecerles su opinión y espero que disfruten del libro.

03 junio 2013

Crónicas de Valsorth - Turno 36

TURNO 36 – Veintisiete de febrero del año 340, montañas Kehalas.


Ya ha pasado la medianoche y los habitantes de Eras-Har se refugian en sus casas del frío y la nieve. Al final, el grupo se hospeda en La Tentación Real, donde toman una buena cena caliente y pasan la noche en el agradable salón principal. Los gemelos Gulfas y Erio, los dueños del local, conversan con los clientes, pero sin duda la noticia del día es la desaparición del hijo de un mercader local.
- Sin duda es otro rapto –dice un comerciante algo bebido-. Las calles no son seguras por las noches. Ya van cuatro desapariciones en lo que llevamos de año… algo está pasando, y los Yelmos Negros del capitán Orlant están demasiado ocupados con las refriegas contra los orkos como para investigarlo.
- Oh, esa sí que es una buena historia –sonríe Gulfas, que al igual que su hermano es un hombre de unos cuarenta años, grueso y de abultadas carnes-. Del tipo de historias que atrae a más clientes a la taberna.
- Un cliente mío vio a los culpables de los raptos –sigue el comerciante-. Se trataba de un grupo de encapuchados, que le asaltaron en una calle del Agujero de Ratas… pudo escapar de milagro –finaliza el hombre y da un torpe trago de su exigua cerveza.

Mientras, en el Picho y la Jarra, Olf se dirige a la mesa de los tres bárbaros, con una jarra en la mano.
- Buenas, hermanos. ¿Cuánto hace que estáis por estos lares, y cuales han sido vuestras últimas empresas? –les dice.
Los bárbaros le miran dubitativos, y responden sin demasiadas ganas.
- Somos soldados que trabajamos para los Yelmos Negros –dice el más veterano, un fornido guerrero de pelo y barba rubia recogida en varias trenzas.
- Quizás podría ayudaros –se ofrece Olf-. Busco trabajo.
- Mira, no has de hablar con nosotros. Si quieres alquilar ese hacha que llevas a la espalda, preséntate en el fuerte de la milicia. Y ahora si nos permites, queremos disfrutar de la noche en paz.
Los bárbaros no se muestran muy amigables con Olf, por lo que el cazador se sienta a una mesa y empieza a pedir cervezas mientras contempla el espectáculo que ofrece la taberna (gastas 2 mp).
Una mercenaria elfa es la atracción de la noche. Se trata de una arquera vestida en tonos castaños, que luce una cicatriz en la mejilla además de tener cortada una de su puntiagudas orejas. La mujer explica la batalla que ha tenido lugar durante el día en las barricadas que hay al nordeste de la ciudad.
- Los orkos se lanzaron en tromba al amanecer –dice la mujer, disfrutando de la atención de los bebidos soldados-. El sargento Dele’Or se quedó sin palabras al ver a más de cien enemigos saltar sobre nuestra posición.
- Ja, ese imbécil se debe haber meado en los pantalones –se burla un yelmo negro fuera de servicio.
- Las flechas negras de los orkos caían tan numerosas como los copos de nieve –perdimos a varios soldados, pero aguantamos y matamos a decenas de esas criaturas. Yo acabé la jornada sin ni una sola flecha, y recogiendo las flechas orkas para devolverlas.
- Oh, Erisal, eres la mejor –sonríe otro beodo soldado.
Entonces Olf se acerca tambaleante al grupo, y alza su jarra de cerveza.
-Brindemos por la elfa guerrera –proclama (tiras diplomacia, sacas un 8).
La elfa y los soldados le miran un instante, para al momento obviarlo y seguir hablando entre ellos.

Por la mañana, Fian sale de la posada tan buen punto amanece y se dirige a la abadía de Sant Foint y ofrece sus servicios. Antes, comenta con Orun y Mirul de quedar a las 12 en la plaza del Homenaje para ir juntos a entregar el documento al capitán Orlant.
El templo en honor de Korth es una imponente abadía que se alza al final de la calle de las Vasijas. Se trata de un edificio formado por una gran iglesia en forma de cruz, en cuyo extremo se alza un campanario que se eleva en el cielo gris. Lo que en otro tiempo fue un lugar de recogimiento y plegaria es ahora, debido a la guerra, un improvisado hospital, con los bancos atestados de gimientes heridos, entre los que se apresuran los clérigos y curanderas para atenderles.
- ¿Qué deseáis hermano? –le pregunta uno de los monjes, que lleva una pila de paños ensangrentados.
- Vengo a ofrecer mis servicios –responde Fian.
- Como veis, necesitamos toda la ayuda posible. Si queréis algo, hablad con el Abad, que se encuentra en su despacho, ahí a la izquierda.
Fian pide permiso a los monjes y se presenta ante el abad. Es un hombre muy mayor, de rostro apergaminado y repleto de arrugas, cuyos ojos translucidos parecen no ver más que un atisbo de lo que le rodea. Fian saluda con una reverencia y explica su intención de servir a Korth.
- Sí, tu ayuda nos será muy útil –asiente el anciano-. Tenemos mucho trabajo, pero el principal es curar a los heridos que esta larga guerra arroja a nuestras puertas cada día. Si pudieses unirte a los hermanos a curar a los heridos, te estaríamos muy agradecidos.
Fian explica que tiene un encargo urgente, pero que intentará volver más tarde.
Por su parte, Orun va a echar un vistazo a los herreros y armeros de la ciudad, en busca de alguna espada, pues sabe que su cadena no será muy útil contra enemigos acorazados. El salvaje encuentra una herrería donde venden espadas de buena calidad, y se hace con dos espadas cortas por algo menos de 20 monedas de plata (pierde 20 mp).

A mediodía, los cuatro aventureros se reúnen en la plaza del Homenaje, frente al palacio de invierno, la lujosa mansión donde vive la gobernante de la ciudad. Olf llega con evidentes muestras de resaca, y algo de mal humor, pero juntos se dirigen a ver al capitán Orlant. Un enorme edificio de piedra alberga el fuerte de la milicia de la ciudad. Se trata de una construcción antigua, erigida en su momento por los caballeros de Stumlad, pero que ahora sirve de guarnición de los guardias de la ciudad, los yelmos negros, así como refugio para la ingente cantidad de mercenarios y espadas a sueldo que llegan cada poco tiempo a Eras-Har.
Al identificarse ante los soldados de la puerta, les escoltan escaleras arriba hasta el despacho del capitán. Es un hombre de aspecto cuidado, pelo bien cortado y rostro afeitado, que viste una inmaculada armadura de los caballeros de Stumlad.
- Bien, muchas gracias por traer este mensaje –les dice-. Veo que sois aventureros, en ese caso quizás os interese entrar a formar parte de la milicia. Para acceder a los yelmos negros tan sólo se requiere no tener cuentas pendientes con la justicia de la ciudad, pasar una breve entrevista, así como prestar juramento de defender la ciudad. Un soldado recibe una paga de 2 monedas de plata por día, aunque incluye la comida y un catre para dormir en la sala común del fuerte. El trabajo consiste en formar parte de las patrullas que vigilan la ciudad, desde el amanecer al atardecer, y cada siete días de servicio tienen un día libre.
El grupo agradece la oferta, pero se despide del capitán prometiendo pensar en ello, una vez en la plaza, se encuentran bajo la ligera nieve que cae bajo un cielo gris del mediodía.